Dependencia

¿Eres realmente libre?

“Solo se posee aquello de lo cual uno puede desprenderse; de lo contrario no se es poseedor sino poseído.”Anónimo

Un hombre caminaba distraído por una calle cuando se encontró con un buen lingote de oro. Maravillado, se paró a contemplar su brillo. – ¿Tendrá dueño? – pensó.

Con algo de miedo, miró hacia los lados. No había nadie. Entonces, aún hipnotizado, tocó el lingote. ¡Era tan suave y tibio!

– Te quiero para mí. Al fin y al cabo, yo te encontré. Ahora eres mío- pensó el hombre.

Así que lo levantó del suelo y lo llevó en sus manos hasta las afueras de la ciudad, en un lugar apartado y rodeado de árboles, ajeno a miradas indiscretas. Ya allí, se sentó a admirar de nuevo su lingote dorado.

– Es la primera vez que tengo algo tan valioso mío, ¡solo mío! – pensaron los dos al mismo tiempo.

Y es que, cuando entablamos un lazo o vínculo de dependencia con algo (o alguien), ¿Quién posee a quién? ¿Es aquello que nos crea dependencia el que nos posee o somos nosotros los que poseemos aquello que tanto deseábamos tener? En realidad, aunque pensemos que somos nosotros los que poseemos algo valioso, algo que realmente deseamos, quien tiene el poder sobre nuestros sentidos es justo lo que poseemos, aquello que ha creado una dependencia en nosotros.

Y tú…

¿Dependes de algún objeto, sustancia o persona? ¿Por qué?

Pídeselo a Dios…

Dios nuestro,
ayúdanos a ser libres
para poder encontrar
la verdadera felicidad.
Amén.

CCCXXXVIII
Dirección de Pastoral

Deja un comentario