¿Te atreves a salvar a otros?
“Ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad.” – José Martí
El 22 de junio de 2022, durante el Campeonato Mundial de Natación en Budapest, la nadadora artística estadounidense Anita Álvarez se desmayó al final de su rutina en la final de solo libre. En medio de los aplausos, y de tanto ruido, nadie lo notó y simplemente paso desapercibida en medio de la euforia del momento. Su cuerpo
quedó inmóvil bajo el agua, y comenzó a hundirse lentamente.
Sólo una persona conocía verdaderamente lo que pasaba, esa era su entrenadora Andrea Fuentes, quien tuvo una corazonada, y notó que algo no estaba bien. Mientras la multitud seguía aplaudiendo y los socorristas no reaccionaban a el trágico momento, Andrea sintió el impulso y se lanzó al agua completamente vestida, nadó hasta el fondo de la piscina y rescató a Anita, llevándola a la superficie.
Una vez fuera del agua, Anita recibió atención médica inmediata y fue trasladada en camilla. Andrea declaró más tarde: “Salté porque no vi a nadie moverse, nadie hacía nada. Tenía miedo porque no respiraba, pero ahora está bien”.
La historia es más que un rescate deportivo. Es una metáfora poderosa sobre lo que significa ver a alguien hundirse en silencio y que las personas no hagan nada. Andrea no esperó instrucciones, ni protocolos, sólo actuó porque conocía a su atleta, porque prestó atención y sintió el impulso de ayudarla.
A veces, salvar una vida no se trata de heroísmo. Se trata de prestar atención, de sentir, actuar y tener empatía. No dejes que las personas a tu alrededor desaparezcan bajo su silencio. Sé de los que ven, actúan y se arrojan por ayudar al otro.
Y tú…
¿Cómo te das cuenta cuando ves que alguien se está hundiendo en sus problemas?
Pídeselo a Dios…
Dios nuestro,
que nuestros ojos
no sean indiferentes
a las llamadas de emergencia.
Amén.