El pozo de la esperanza

¿Sabes conservar la esperanza?

“Vivir sin esperanza es dejar de vivir.”Fiódor Dostoyevsky

En la ladera de una montaña había una fuente conocida por todos como la “Fuente de la Esperanza”. Todo aquel que estaba desanimado por alguna dificultad bastaba con que bebiera de aquella agua para llenarse de esperanza y tener fuerzas para superar su dificultad por difícil que pareciera. Esto hacía que sus habitantes estuvieran siempre alegres a pesar de los problemas. Pero un día la fuente se secó. El desánimo y la desesperanza se apoderó de todos, volviéndose terriblemente pesimistas.

Solo hubo una niña que no perdió la esperanza. Todas las mañanas acudía a la fuente esperando que volviera a caer el agua. Y allí se pasaba el día entero. Los que la veían le decían que estaba perdiendo el tiempo. Pero ella, todos los días, semana tras semana, iba a la fuente. Algunos hasta se burlaban, pues era imposible que saliera agua por aquel manantial del que se alimentaba la fuente.

Una mañana, cuando todo parecía perdido, la niña vio con sorpresa que de la fuente estaba a punto de caer una gota de agua. Era la última gota de esperanza que quedaba. A toda prisa, puso su mano para recogerla y se fue entusiasmada a enseñársela a todos. Pero nadie le hizo caso. Aquello era solo una gota. La esperanza estaba perdida sin remedio. La niña se marchó muy triste y desanimada. Así que fue al pozo de donde bebían todos y tiró allí su gota de agua. Sin embargo, aquella gota de agua tenía la esperanza tan concentrada en su interior que, cuando se mezcló con el agua del pozo, hizo que todo él se contagiara de esperanza. Al día siguiente, cuando todos bebieron de aquella agua, quedaron nuevamente llenos de esperanza. Cuando se enteraron de que había sido por la gota de agua que aquella niña había echado, fueron todos a darle las gracias, pues ella nunca perdió la esperanza.

Y tú…
¿Qué acciones realizas para ser esa gota de esperanza para los demás?

Pídeselo a Dios…

Dios nuestro,
ayúdanos a mantener
siempre viva la esperanza
en nuestro corazón,
para hacer frente a las dificultades.
Amén.

CCCLXVII
Dirección de Pastoral

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