Una mujer agradecida ¿Es posible un mundo diferente?

“Dale a alguien todo tu amor y no esperes que te amen, solo espera que el amor crezca en la otra persona”.

Un niño estaba descalzo, frente a una tienda de zapatos temblando de frio. Una señora se acercó y le dijo: “Mi pequeño amigo, ¿qué estás mirando con tanto interés en esa ventana?”.

Él le respondió: “Le estoy pidiendo a Dios que me dé un par de zapatos”. La señora lo tomó de la mano y lo llevó adentro de la tienda y pidió a un empleado media docena de pares de medias para el niño y un par de zapatos. Preguntó si podría prestarle una tina con agua y una toalla y llevó al niño a la parte trasera de la tienda.

Con cariño empezó a lavar los pies del niño y se los secó, luego colocó las medias y los zapatos. Ella acarició al niño en la cabeza, el niño muy feliz, la alcanzó y la tomó de la mano, mirándola con lágrimas en los ojos le preguntó: “¿Es usted la esposa de Dios?”.

La señora le respondió: “No, solamente soy una mujer agradecida con lo que Él me ha dado”.

Y tú…

 ¿En qué situaciones has sido apoyado por una mujer?

(se invita a pensar en el rostro de esa mujer)

Pídeselo a Dios…

“Dios nuestro,

que la ternura de las mujeres

que nos han ayudado

siga contagiando

a más personas para

formar un mundo mejor”.

Amén.

CCLXXIX
Dirección de Pastoral
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