“Tus alas son tus dos amores: El amor a Dios y el amor al prójimo. Con estas alas volamos hacia el cielo; si nos faltan, nos arrastramos por la tierra” – San Agustín de Hipona
En lo más alto del cielo viajaba un carruaje extraordinario, sostenido por dos caballos con grandes alas. Al frente iba el auriga, un conductor, que debía guiarlos con firmeza para mantener el rumbo.
Uno de los caballos era blanco, noble y obediente. Amaba la verdad y el bien, y ayudaba al carruaje a elevarse hacia la luz. El otro era negro, impulsivo y rebelde. Se dejaba atraer por cualquier destello y tiraba del carruaje hacia abajo, sin importarle la dirección.
El auriga tenía una tarea difícil: mantener las riendas firmes y conseguir que ambos caballos avanzaran juntos. Cuando lo lograba, el carruaje se elevaba con fuerza y alcanzaba las alturas.
Pero si se distraía o perdía el control, el caballo negro imponía su voluntad y desviaba el rumbo hacia el precipicio.
Así, el viaje dependía de la capacidad del auriga para conducir a los dos caballos, incluso cuando sus fuerzas tiraban en direcciones opuestas.
Algo parecido sucede en nuestra vida. A veces sabemos qué es lo correcto, pero nuestros impulsos, enojos, deseos o ganas de hacer lo más fácil nos llevan en otra dirección.
Y tú…
¿Cuándo tus impulsos o lo que sabes que es correcto te llevan en direcciones distintas, cómo tomas las riendas de tus decisiones?
Pídeselo a Dios…
Dios nuestro,
danos sabiduría
para reconocer el bien,
fortaleza para dominar nuestros impulsos
y libertad para elegir lo que me acerca a Ti.
Amén.