“El mejor uso de la vida es gastarla en algo que perdure más allá de la misma vida.” – William James
Cuentan que un Buda tuvo que refugiarse en la cabaña de un pescador a causa de una tormenta. El pescador que no sabia quien era su invitado le ofreció una humilde cena y una cama. A la mañana siguiente, al despedirse el Buda le dijo quién era, le dio las gracias por la hospitalidad y le dijo que pidiera lo que quisiera. “Quiero oro”, le dijo el pescador.
Preocupado por su bienestar, Buda le aconsejó: “El oro adquirido sin esfuerzo es una maldición, no una bendición”. Te enseñaré por tanto la manera de adquirirlo”. En la playa, en frente de tu casa, hay una piedra mágica, si la encuentras y tocas con ella un trozo de acero, éste se convertirá en oro.
El pescador que llevaba una pulsera de acero se puso de inmediato a buscar la piedra mágica. Tocaba su pulsera con las piedras y las lanzaba al mar al ver que ninguna convertía en oro su pulsera. El ansia del oro no le permitía descansar, ni esperar a ver si hacía el efecto. Y así fue lanzando todas las piedras al mar.
Finalmente miró su pulsera y, ¡oh sorpresa! Se había convertido en oro. Pero ¿Dónde estaba la piedra mágica? La había lanzado al fondo del mar.
La piedra mágica se había perdido en el frenesí avaricioso de encontrarla y hacerse rico.
Y tú…
¿Qué haces para evitar el ansia y desesperación en ciertos momentos?
Pídeselo a Dios…
Dios nuestro,
que ante el ansia o desesperación
tu paz habite en nuestro corazón.
Amén.