“La única forma de tener un amigo es ser uno.” – Ralph Waldo Emerson
Juan, era un joven que estaba en serios problemas económicos, sin trabajo y endeudado con el banco. Cierto día, le llegó un citatorio para ir a juicio. No era cualquier cosa: era el juicio de su vida, donde: O
salía libre o se quedaba encerrado para siempre por las deudas excesivas que tenía.
Asustado, Juan buscó a sus mejores amigos, pensando que lo podrían apoyar, pero en cuanto les
contó el problema, casi todos se echaron para atrás y empezaron a inventar pretextos:
«Yo te acompaño, me quedo todo el tiempo que se necesite y te defiendo».
Y así fue. El conocido lo acompañó en todo el juicio, y gracias a eso, Juan salió libre de todo problema.
Uno le dijo: “No puedo».
Otro: «No sé nada sobre juicios».
Otro: «Ando con poco dinero».
Uno más: «La verdad no me conviene meterme».
Otro: «No me quiero arriesgar».
Y el último: «Es que tu contra son los bancos, olvídalo».
Al final, solo dos amigos aceptaron apoyarlo.
El primero le dijo: “Te presto un outfit para que el juez te considere, pero nada más».
El segundo le dijo: “Yo te acompaño hasta la entrada del juzgado, pero no me quedaría a tu juicio».
Sin más opciones, Juan, tuvo que pedirle ayuda a un conocido, alguien con quien poco se relacionaba.
Para su sorpresa, esa persona le dijo:
«Yo te acompaño, me quedo todo el tiempo que se necesite y te defiendo».
Y así fue. El conocido lo acompañó en todo el juicio, y gracias a eso, Juan salió libre de todo problema.
Y tú…
¿Qué tipo de amigo eres, el que acompaña hasta el final o el que pone pretextos? ¿Por qué?
Pídeselo a Dios…
Dios nuestro,
ayúdanos a ser amigos
que sepamos acompañar
y ser signo de esperanza.
Amén.